Todas las épocas y todos los regímenes políticos e ideológicos han puesto su mirada en algún momento del pasado, buscando su legitimación. Si hablamos de Edad Media, los gobiernos de PSPV y Compromís, desde hace cuatro décadas, han destacado el esplendoroso e internacional gótico catalán, difundido por todo el Mediterráneo, en sintonía con la fecunda literatura valenciana medieval que -sin siquiera suponerlo por sus autores en aquel entonces- encumbró y fundamentó la cultura catalana, tal como los citados partidos la entienden en la actualidad. Pero, cuando se pone el foco en determinadas épocas, se oscurecen otras.
Si visitamos el museo de Bellas Artes de Valencia, desde el vestíbulo -antigua iglesia- para visitar las salas de pintura gótica, podemos ver a nuestra izquierda, casi escondidos, tres capiteles esculturados y una pila de fuente románicos.
Toda la explicación que se da en las cartelas, que ni informan sobre la procedencia de las piezas ni las explican -como cabría esperar de la función didáctica de un museo-, es que leemos que “Cuando entra el arte románico en Valencia, como consecuencia de la conquista de Jaime I en 1238, este estilo ya se encuentra en decadencia en la península Ibérica. Estas piezas son parte de los escasos vestigios que perduran en nuestro territorio”. Por supuesto que no se consideran dignas de figurar en la página web del museo, como tampoco aparecen piezas del periodo paleocristiano tan notables como el llamado Sarcófago de San Vicente Mártir (s. IV).
Este breve texto muestra el escaso aprecio que la dirección del museo tiene respecto a un estilo presente en el Reino de Valencia durante aproximadamente 100 años, indicativo del enorme esfuerzo para dar personalidad occidental a las nuevas construcciones, intentando borrar el mundo islámico que les envolvía. A pesar de lo mucho que ha desaparecido, no dejan de aparecer testimonios de su importancia. Solo en Valencia se conservan dos portadas románicas en San Vicente de la Roqueta, otra en la Catedral y dos más en San Juan del Hospital; además de restos de alguna otra, como es el caso de los tres capiteles expuestos, que proceden de la antigua iglesia parroquial de Santo Tomás de Valencia (fines s. XIII).
Curiosamente, el caso de esta antigua portada es el de la mayor negligencia de la historia de la institución. Veamos el porqué. Durante la Desamortización (1836) se ofreció a la parroquia de Santo Tomás permutar su pequeña iglesia, situada en la esquina entre las calles Cabillers y Avellanes, por la que había pertenecido a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, a la que decidió trasladarse en 1837 por su mayor capacidad y magnificencia.
Tras venderse, el antiguo templo fue utilizado como almacén, aunque por su falta de mantenimiento acabó amenazando ruina, de modo que se derribó en 1864 para construir el edificio de viviendas que se puede ver hoy día. Su promotora, “La Peninsular”, propiedad de Pascual Madoz, ofreció la portada y otros elementos de interés histórico-artístico a la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Valencia, siendo su secretario Vicente Boix.
Se encargó una litografía a José Gandía para mostrar el aspecto de la portada antes de su desmontaje, que se envió a la Real Academia de la Historia; mientras sus piezas fueron llevadas al antiguo convento del Carmen, como muestran los registros. Pero algunos años después se desharían de la portada entera, conservando solamente sus seis capiteles y un fragmento de imposta.
El Museo Arqueológico Nacional (MAN), creado en 1867, envió comisionados a los museos provinciales para solicitar piezas (objetos dobles o piezas consideradas sin importancia) para sus fondos. Dado que la portada tenía tres capiteles a cada lado, cuyos relieves -aves enfrentadas enredadas en motivos vegetales- se repetían, aunque a la inversa, en cada lado de la portada, Vicente Boix cedió al MAN en 1871 los tres capiteles de la izquierda y el fragmento de la imposta, que mantienen almacenados en el museo madrileño, si bien uno de los capiteles no se ha localizado.
La sindicatura de Cultura y Patrimonio de DECIDIX no entiende por qué no se solicitan las piezas existentes en el MAN, aunque sea en depósito, dada su relevancia para la Historia del Arte Valenciano.
Así mismo, basándose en la litografía y en ejemplos coetáneos, propone un montaje reconstructivo de la portada en resina incorporando las piezas originales, que permitirían poner en valor las piezas en su contexto con un estudio histórico-artístico complementario. Hemos podido ver ejemplos expositivos recientes en museos europeos como el del Mercado de Trajano o el Ara Pacis en Roma, que resultan muy didácticos, a la vez que respetuosos con los restos originales.
Lo mismo cabe decir para el resto de pila de fuente, que, aunque de procedencia e ingreso inciertos, es una pieza absolutamente excepcional en el contexto del románico hispano, que en el siglo XIII evolucionó hacia el refinamiento y el embellecimiento de los edificios civiles y religiosos y para el que se ha apuntado que podría provenir de los jardines del palacio episcopal valenciano.
DECIDIX requiere a la dirección del museo que se plantee recuperar, estudiar y poner en valor estas piezas, equilibrando el espacio expositivo para que cualquier visitante pueda apreciar la evolución de la Historia del Arte Valenciano en todas sus épocas y riquezas.